Nezahualcóyotl

Nezahualcóyotl

1402

Nació y murió en Texcoco (1402-1472). Fue hijo de 
Ixtlilxóchitl, sexto señor de los chichimecas, y de 
Matlalcihuatzin, hija de Huitzilíhuitl, segundo señor
 de Tenochtitlan. En 1418 su padre abandonó Texcoco, 
obligado por Tezozómoc, señor de los tecpanecas de 
Azcapotzalco; sitiado durante 30 días en la fortaleza 
de Tzinacanoztoc, se retiró a Tapanahuayuan, llevando 
consigo a Nezahualcóyotl y a varios jefes que le 
permanecieron fieles; pero ahí perdió la vida en 
combate con sus perseguidores, mientras el joven 
príncipe de 16 años de edad observaba la escena 
oculto en un árbol.

Por la noche Nezahualcóyotl se 
encaminó hacia Tlaxcala por senderos extraviados. 
En el camino encontró a varios de los suyos y les 
recomendó que volvieran a sus casas y obedecieran 
a Tezozómoc, mientras él encontraba manera de librarlos 
de la tiranía. El usurpador ofreció recompensas a quien 
entregara al príncipe, vivo o muerto. Éste recorría, 
disfrazado, algunos poblados de su dominio y penetraba 
a otros para mantenerse informado de los planes del enemigo. 
En 1420 sus tías, las esposas de los señores de México y 
Tlaltelolco, solicitaron al señor tecpaneca el perdón del 
príncipe, aduciendo su inocencia, y éste le permitió que
 viviera en Tenochtitlan. Dos años después se le asignó 
un palacio en Texcoco y se le autorizó a viajar entre las 
dos ciudades.

El 2 de febrero de 1427 murió Tezozómoc y lo sucedió
 su hijo Maxtla. Nezahualcóyotl, aun sabiendo que había el
 propósito de asesinarlo, concurrió a los funerales en 
Azcapotzalco. Meses más tarde volvió a la metrópoli 
tecpaneca a interceder por la libertad de Chimalpopoca,
 su tío y señor de México, enjaulado por orden del nuevo 
tirano. Con permiso de éste, pasó a Tenochtitlan y vio 
morir al monarca.
 De regreso a Azcapotzalco, Maxtla le tendió una 
celada, pero consiguió escapar a Texcoco. En esta 
población su hermano y enemigo Tlilmantzin lo invitó 
a una fiesta con la intención de matarlo; pero advertido 
a tiempo, Nezahualcóyotl se hizo sustituir por un 
labriego que se le parecía y a quien, en efecto, lo apuñaló
 un capitán y le cortó la cabeza para llevarla como trofeo 
a Maxtla. Éste mandó participar la muerte del príncipe
 a Itzcóatl, sucesor de Chimalpopoca; pero cuando el 
enviado llegó a México, llevando el despojo en prenda,
 encontró a Nezahualcóyotl, quien le dijo: “Di al 
emperador que estoy enterado de sus traiciones y que pronto le haré conocer el poder de mi brazo”. Despechado, Maxtla movió una tropa a Texcoco para prenderlo, pero el príncipe huyó de su palacio por una puerta falsa y se refugió en el bosque de Tezcutzinco, adonde citó previamente a sus partidarios. Varios de éstos fueron a los señoríos cercanos a preparar la rebelión y él marchó por el monte hacia Tlaxcala en cuyo trayecto recibió muestras de solidaridad de varios pueblos. Para entonces ya los señores de México y Tlatelolco, Itzcóatl y Cuauhtlalohuatzin habían declarado la guerra a Azcapotzalco.

Nezahualcóyotl reunió a las fuerzas aliadas el 4 de agosto de 1427 en Calpulalpan. Al frente de 100 mil 
hombres, ese mismo día se apoderó de Otumba; mandó que 
los tlaxcaltecas y huejotzincas avanzaran contra Acolman; 
él se dirigió con el resto de las tropas hacia Texcoco, 
y pidió a los chalcas, que avanzaban desde el sur, que 
tomaran Coatlinchan y se aproximaran a Huexotla. 
Nezahualcóyotl llegó a esta población, que le era 
adicta el propio 4 y al día siguiente expulsó de Texcoco a la guarnición tecpaneca.

Los tlaxcaltecas, huejotzincas y chalcas regresaron a sus países; él se hizo reconocer como monarca legítimo, organizó el gobierno y guarneció todas las fronteras, de Tezontepec a Chiuhnautlan, desde ahí avanzó por toda la orilla del lago hacia Ixtapaluca. Esta victoriosa campaña, a partir de su salida al bosque de Tezcutzinco, duró apenas 15 días.

Los mexicanos y los tlatelolcas estaban sitiados por los tecpanecas. Itzcóatl y Cuauhtlalohuatzin enviaron 
como emisario ante Nezahualcóyotl al príncipe Ilhuicamina. El señor de Texcoco viajó en secreto a Tenochtitlan y 
concertó con ellos la contraofensiva. El 14 de febrero 
de 1428 movilizó 250 mil hombres a Tlaltelolco a través 
de la laguna; el 15, él mismo, al mando de 50 mil hombres, 
desembarcó en Tepeyac; y los mexicanos, divididos en tres 
columnas, rompieron el sitio y llegaron hasta las costas 
y linderos de Azcapotzalco: Itzcóatl por agua, Moctezuma 
por Tacuba y Tlacaéleltzin por Tlalnepantla. Mazatl, el 
general de los tecpanecas, resolvió encerrarse con sus 
300 mil guerreros en la fortaleza de Mazatzintamalco. 
Ahí lo sitiaron durante 114 días. Los aliados de Maxtla 
(Coyohuacan, Xochimilco, Cuauhtitlán y Tepotzotlán) no pudieron salvarlo de la derrota. El ejército tecpaneca 
fue desbaratado cuando intentó romper el cerco. Azcapotzalco 
fue entregado al saqueo de los vencedores, Maxtla muerto por 
mano de Nezahualcóyotl (6 de junio) y la ciudad convertida 
en mercado de esclavos, para infamarla. En los meses 
siguientes corrieron igual suerte Tapanahuayan, Tultitlán,
 Teoloyucan y otras poblaciones al norte de Xaltocan.

Mientras era destruido el imperio de Azcapotzalco, 
Iztlacautzin sublevó Huexotla y se apoderó de Texcoco y 
otras localidades acolhuas. Nezahualcóyotl se quedó a 
vivir en el bosque de Chapultepec, lo pobló de animales 
de caza, instaló albercas y construyó el acueducto que 
llevó agua potable a México; pero en la primavera de
 1429 atravesó de noche el lago con un ejercitó y 
recuperó su capital tras siete días de combate, extendió 
y consolidó la reconquista y volvió a Tenochtitlan.
 Propuso luego la paz a Tacopaintzin, señor de
 Xochimilco, pero fue rechazado de suerte que a fines 
de ese mismo año tomó la plaza, luego de llenar con haces 
de yerbas el canal que le impedía el paso.
 En 1430 hizo una tercera campaña para dominar a los 
sobrevivientes de la matanza de Azcapotzalco y a varios 
grupos acolhuas sublevados Zempoala, Tepepulco y Apan 
se sometieron de grado.

Consumada la dominación del valle de México, Nezahualcóyotl 
e Itzcóatl pactaron una alianza, a la que se añadió a 
Totoquiyauhtzin, señor de Tacuba, quien a pesar de ser 
tecpaneca había facilitado el paso por su territorio al 
ejército de Moctezuma, en la pasada guerra contra Maxtla. 
La triple Alianza se solemnizó a mediados de 1431. 
En seguida los tres señores procedieron al reparto de 
las tierras conquistadas: marcaron una línea de sur a 
norte desde el cerro de Cuexcomatl hasta Tototepec; 
asignaron la parte del este a Texcoco, la del oeste a 
México-Tenochtitlan y le agregaron a Tacuba la provincia 
de Mazahuacan y otros pueblos.

Nezahualcóyotl restituyó el poder local a los señores 
de Tepetalaoztoc, Acolman, Tepecpan, Chiuhnautlan, 
Tolantzinco, Cuauhchinanco, Xicotepec, y Teotihuacan,
 aunque sujetos a obediencia y a pagar tributo. Otumba,
 Chiautla y Cohuatecpec las dio a sus hijos o íntimos; 
reservó para sí la capital y una zona aledaña; y nombró 
ocho recaudadores encargados de recoger, en el resto de 
sus dominios los comestibles con que debían contribuir 
otros tantos grupos de pueblos a los consumos de la casa 
real. En todos los terrenos comunales había dos parcelas
 cuyos productos se destinaban al rey, una, y otra a la corte. 
En Teotihuacan estableció el tribunal que juzgaba a los 
nobles, en Otumba el de los plebeyos y en Texcoco el que 
conocía de las apelaciones. Instituyó sendos consejos de 
instrucción pública, de guerra y de hacienda y uno supremo 
formado por catorce señores. Nombró para presidir estos 
organismos
 a cuatro de sus hijos. Expidió, además, 80 leyes, para 
garantizar la lealtad al Estado y las buenas costumbres; 
la pena por la infracción a estas disposiciones era, en 
la mayoría de los casos, la muerte. En el bosque de 
Tezcutzinco protegió los árboles, captó los manantiales, 
condujo el agua por los montes, introdujo el riego, labró 
albercas en las rocas, plantó flores, propagó especies 
animales y escribió poemas.

Fernando de Alva Ixtlixóchitl, 
su nieto, dice en su Historia chichimeca que Nezahualcóyotl,
 a lo largo de su vida,
 mató por su mano a 12 reyes, incluyendo a Maxtla,
 participó en 30 batallas y nunca fue vencido ni herido; 
sujetó 44 reinos; nombró generales a 43 de sus hijos y al 
cuadragésimo cuarto lo mandó matar por soberbio y belicoso.
 Reunió a todos los sabios y filósofos de su tiempo y
 alcanzó a saber que había un solo Dios verdadero, al 
que llamó Tloque Nahuaque; castigó los delitos con rigor, 
“especialmente a las personas de calidad y que habían de 
dar ejemplo a las demás”; y fue misericordioso y agradecido. 
Murió a los 70 años de edad y a los 43 de su reinado.

Se conservan unas treinta composiciones poéticas suyas en 
las colecciones de manuscritos de cantares prehispánicos. 
Según lo ha advertido Miguel León-Portilla (Nezahualcóyotl,
 poesía y pensamiento, 1972), los temas que desarrolla en 
ellos son “la fugacidad de cuanto existe, la muerte inevitable, la posibilidad de decir palabras verdaderas, el más allá y la región de los descarnados, el sentido de flor y canto, el enigma del hombre frente al dador de la vida y la posibilidad de vislumbrar algo acerca del inventor de sí mismo”.

En 1972, 
quinto centenario de la muerte del señor de Texcoco, el 
gobierno del estado de México publicó ocho libros conmemorativos —unos reimpresos, otros originales—, obra de José María Vigil, 
Miguel León Portilla, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, José 
Luis Martínez, Salomón de la Selva, Víctor M. Castillo F., 
Pedro Mascaró y Sosa y Carlos Pellicer. En Chapultepec hay una 
fuente monumental en su memoria, proyectada por el escultor 
Luis Ortiz Monasterio. El obispo José Joaquín Granados y Galvez
(1743-1794) publicó en Tardes americanas (1778) un poema 
atribuido a Nezahualcóyotl que contiene expresiones del todo 
extrañas al pensamiento prehispánico.

Te recomendamos consultar la entrada de Nezahualcóyotl en Hombres ilustres mexicanos: biografías de los personajes notables desde de la conquista hasta nuestros días por Ignacio Manuel Altamirano (y otros); ed. Eduardo L. Gallo en la versión digital de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Fuentes