Manuel Payno

Manuel Payno

1810

De vida tan larga como la de Guillermo Prieto, Manuel Payno (1810-1894), cuya carrera literaria se extendió en más de cincuenta años, pudo participar en las empresas de varias generaciones. Desde 1838 comenzó a colaborar con versos, artículos misceláneos, narraciones de viaje y novelas cortas en la mayoría de los periódicos y revistas literarias de la época. En unión de Prieto publicó El Museo Mexicano (México, 1843-1845) donde dio a conocer por primera vez, parcialmente, su novela El fistol del diablo. Siguiendo la costumbre de la época, editó en 1848 un interesante Presente Amistoso Dedicado a las Señoritas Mexicanas, con el título de El Año Nuevo, en cierto modo continuador de los que con el mismo nombre publicara años antes el infortunado Rodríguez Galván. Payno escribió buena parte de su contenido, incluso una “Confesión y testamento del año de 1847” en el que la ira del patriota frente a los invasores extranjeros se adivina bajo los rasgos satíricos y festivos.

    Su mayor aportación literaria fue en el campo de la novela. Con El fistol del diablo, cuya primera edición en volumen (México, 1859) salió considerablemente aumentada, Payno inició en México la novela folletinesca, adaptada al ambiente mexicano, fórmula que habría de seguir con tan singular éxito Luis G. Inclan en Astucia.

Después del Periquillo y de la Quijotita de Lizardi —dice Alejandro Villaseñor y Villaseñor, biógrafo de Payno—, el Fistol era la primera novela “larga” que se publicaba en México, y retrataba, no las costumbre de la época virreinal, sino los tipos y personajes que habitaban la capital de la nueva nación; genuinamente nacional esta novela, es un verdadero archivo que guarda el recuerdo de lo usos de la antigua sociedad mexicana, su lenguaje, sus refranes, trajes, preocupaciones, tendencias, etcétera. El estilo de esa obra no es muy correcto, la ilación de la trama no muy completa y el lenguaje no muy elevado, sin que por esto se crea que es del todo vulgar, y sin embargo, es verdaderamente agradable.

En su segunda novela, El hombre de la situación (México, 1861), Payno encontró un asunto lleno de posibilidades novelescas: el del aventurero español, tan miserable como orgulloso y emprendedor, que viene a México en busca de oro. Por una vez, Payno prefirió los lances humorísticos y satíricos a los dramáticos, y nos dejó así un retrato tan rico como gracioso de esos conquistadores sin espada que han subsistido durante cincuenta siglos. Si se hubiese resignado a cortar su narración cuando su héroe inicial concluye sus aventuras, nos habría legado una encantadora y perdurable novela corta. Nunca dispuesto a podar la plétora de su imaginación, continuó relatándonos las vidas del hijo y del nieto de aquél y, si con ello trazó esa evolución de una parte de los españoles residentes en México sintetizada en el viejo refrán que dice “Padre mercader, hijo caballero, nieto pordiosero”, cargó su novela con un apéndice que le resta unidad y perfección.

    Aunque en 1871 Payno publicó Tardes nubladas, un volumen de cuentos y narraciones de viaje en los que va afinándose el narrador costumbrista, la aparición de su mayor y última novela, Los bandidos de Río Frío (Barcelona, 1889-1891), firmada con de seudónimo de Un Ingenio de la Corte, coincidirá con sus ochenta años de vida. Comparable en su amplitud y en su riqueza con la novela de Inclan, la cumbre de Payno sorprende en un hombre de su edad, pero sólo es explicable en quien así pudo acumular donaire y experiencias. A causa, probablemente, del título que lleva la novela —que pudiera haber sido, con igual justificación, de muchas otras maneras— suele creerse que Los bandidos de Río Frío es solamente una infinita y truculenta narración folletinesca. Pero si su autor le puso por subtítulo “naturalista, humorista, de costumbres, de crímenes y de horrores” fue porque tal era, en verdad, su condición. Aparte de los crímenes y horrores, necesarios para sazonar una obra publicada por “entregas”, la novela es una amenísima comedia humana de la vida de México, en la primera mitad del siglo XIX, que incluye aspectos de casi todas las capas sociales de la época. De Los bandidos de Río Frío podrían pues separarse no menos de una docena de novelas cortas a cual más atrayentes e ingeniosas y perfectamente diferenciadas y realizadas.

    El proyecto inicial de Payno era contar la historia de una causa célebre y ruidos den aquellos años, pero al fin, como él mismo dice, aprovechó “la oportunidad para dar una especie de paseo por en medio de la sociedad que ha desaparecido en parte, haciendo de ella, si no pinturas acabadas, al menos bocetos de cuadros sociales que parecerán hoy tal vez raros y extraños”. Un fresco admirable en su conjunto y en muchos de sus detalles fue el resultado de tan copiosa digresión. La fuerza que lo organiza y que lo mueve es la fatalidad, enlazando los variados personajes de la comedia, creando acciones llenas de interés patético o humorístico y manteniendo siempre vivos los resortes dramáticos.

    Nos seduce en Los bandidos de Río Frío, lo mismo que en Astucia, la verdad y cordialidad de su mexicanismo; pero nos cautiva también la desenfadada y primitiva eficacia del narrador que sabe trasmitir tal animación expresiva a las creaturas de su pluma. Naturalmente, Payno tuvo que echar mano con frecuencia de exageraciones grotescas en el dibujo de sus caracteres y no acertó siempre a librar su novela de meditaciones personales. Pero fue tan vasta la obra que emprendió y tan numerosas las escenas y los personajes que forjó con mano maestra, que sus caídas desaparecen entre la riqueza del conjunto. No esperemos, pues, de su pluma ni profundidad ni corrección. Interesar y divertir era cuanto, humildemente, se proponía este amable narrador, y no pudo detenerse ni en refinamientos y proporciones ni en análisis sutiles. Si nos contentamos con lo que Payno quiso darnos, tendremos que admitir que consiguió con largueza su objetivo y que realizó al mismo tiempo una de las novelas fundamentales de nuestra historia literaria.

    Además de numerosos escritos jurídicos, económicos, históricos y científicos y de su variada y copiosa producción periodística, Manuel Payno colaboró con Riva Palacio, Mateos y Martínez de la Torre en la redacción de El libro rojo (México, 1871), editó las memorias de fray Servando Teresa de Mier (México, 1865) y narró, con donosura y agilidad, sus Memorias e impresiones de un viaje a Inglaterra y Escocia (México, 1853); países que visitó, al igual que España, con un cargo diplomático.

Libros

Obras de Don Manuel Payno. Tomo I. Novelas cortas

1901

Cuentas, gastos, acreedores y otros asuntos del tiempo de la intervención francesa y del imperio

1868

Memorias e impresiones de un viaje a Inglaterra y Escocia

La convención española

Memoria sobre la revolución de diciembre de 1857 y enero de 1858

Compendio de la historia de México

Compendio de Geografía de México

Reseña histórica de la invasión en México : por las potencias aliadas Inglaterra, España y Francia, y los motivos que la causaron desde los bonos de Jecker, Hasta el fusilamiento de éste en París / escrita por Manuel Payno.

El hombre de la situación