Andrés Quintana Roo

Andrés Quintana Roo

1787

    El eminente patricio, el gran literato D. Andrés Quintana Roo, nació en la ciudad de Mérida el 30 de noviembre de 1787, hijo del Sr. D. Matías Quintana y de la señora María Ana Roo.
    Después de recibir una educación brillante en la ciudad de su nacimiento, en el Seminario de San Ildefonso, vino a México en 1808, y aquí abrazó la carrera del foro, conquistado bien pronto la fama de eminente jurisconsulto.
    Muy joven era cuando sus nobles sentimientos y el ejemplo de su digno padre le hicieron seguir con ardor la sagrada causa de la independencia, a la cual sirvió no sólo con la espada del insurgente, sino exaltando los ánimos con sus brillantes escritos en el Ilustrador Americano, que hacia circular burlando la vigilancia estrecha de las autoridades españolas.
    El 16 de septiembre de 1812 extendió un manifesto con el título de “Aniversario”, por encargo de la Junta nacional establecida en Zitácuaro. La imprenta, objeto principal de la saña de los opresores, corría mayores riesgos que los patriotas, bajo el cuidado y vigilancia de D. Ignacio Rayon, que hizo indecibles esfuerzos por salvarla, como lo logró en medio de la deshecha y horrorosa bocarrasca. Este Jefe se dirigía entonces a los cantones de Auichapasi y Zimapan, y se detuvo sólo medio día en reconocer el fuerte de Nadó situado en las alturas del pueblo de Aculco. Aprovechose aquel corto tiempo para componer “El Aniversario”, que debía publicarse dentro de tres días. Llegaba ya el autor al fin de su trabajo, aunque no completa la descripción de los sucesos ocurridos en los dos años de guerra, cuando la voz “tenemos al enemigo encima” le hizo abreviar la tarea, cerrando el discurso con este anuncio tan felizmente justificado por el suceso: “Sin armas, repuestos, dinero ni uno solo de los medios que ese fiero Gobierno prodiga para destruirnos, la Nación camina por el sendero de la gloria a la inmortalidad del vencimiento”.
Cábele la imperecedera gloria de haber sido el primero en proclamar la independencia absoluta de México. Refiriéndose a este particular, dice un distinguido escritor yucateco:

Después de tres años de dado en Dolores el primer grito de revolución, aún el nombre del rey de España estaba en los labios de los mismos insurgentes, porque no creían llegado el caso de pregonarse abiertamente contra un gobierno cuyos cimientos se perdían en una serie de más de trescientos años; pero aguardaban en la carrera de sus triunfos un momento favorable para borrar el nombre de Fernando VII y decir sin embozo: “¡México es libre e independiente!” Cupo la gloria de hacer esta solemne declaración al memorable Congreso de Chilpancingo convocado por Morelos en 1813. El Sr. Murguía, que era el presidente de aquella asamblea, ausentóse apenas había sido verificada la instalación, quedando en la presidencia D. Andrés Quintan Roo como vicepresidente nato de ella.
    Así, el primer cuerpo de autoridad nacional e independiente que se erigía en México desde que rodaron por el suelo las coronas de Moctezuma y Cuauhtémoc, era presidido por un yucateco; y la primera expresión terminante de nacionalidad e independencia que en México se daba desde que Hernán Cortés Tremolara en el suelo del nopal y del águila el pabellón triunfante del león de Castilla, es un acta que aparece firmada en primer lugar por un yucateco.


    Como era natural, Quintana Roo sufrió terribles persecuciones. Nada, empero, pudo abatir su constancia, y con valor magnánimo afrontó las vicisitudes todas a que estuvo sujeta la santa causa de la libertad mexicana, llegando al extremo de verse próximo a ser decapitado. Al triunfar Iturbide, es decir, al recoger, después de un paseo triunfal, los frutos de la obra iniciada por Hidalgo y sellada con su sangre y la de mil y mil héroes, Quintana Roo apareció como una de las figuras más culminantes de la revolución. El caudillo afortunado a quien tocó ceñir los laureles por otros sembrados, supo reconocer los grandes servicios de Quintana Roo, y deseando aprovechar su claro talento, le colocó en brillantes destinos.
    Después de la caída de Iturbide, emprendió la publicación del periódico intitulado El Federalista Mexicano, con tal tino y mesura, que fue durante algún tiempo el regulador de las opiniones. Respetado por todos los partidos, Quintana Roo se vio siempre en las latas regiones del poder. Diputado unas veces, senador otras, ora en los escaños del Ministerio, ora en la presidencia del Supremo Tribunal de Justicia o en alguna misión diplomática del Gobierno, su vida estuvo consagrada al servicio de la patria.
    […] No menos eminente que como patriota y como hombre de Estado, Quintana Roo como literato y como poeta es una de las más excelsas figuras de nuestra historia literaria.
    Rasgos dignos de Tácito, que inspiran terror a los tiranos y despiertan al pueblo, contienen sus escritos políticos, valiéndonos de la frase empleada por uno de nuestros más esclarecidos escritores al hablar de Quintana Roo; restaurador del buen gusto en la literatura nacional le llama Arróniz; literato distinguido y vigoroso, cuya prosa no perdió su enérgica lozanía ni cuando llevaba la cabeza cubierta con las canas de la vejez, bajo las que ardía el fuego de la imaginación, como arde la lava bajo la nevada cúspide de un volcán, dice otro crítico que era, y agrega, que su estilo era flexible, y tan pronto tenía la entonación del Pórtico como la gracia y la soltura académicas.
    Su trabajo sobre la estructura o artificio del “sáfico adónico” español, es un trabajo que en grado sumo le honra; sus odas patrióticas, sus hermosas poesías en las grandes fiestas del saber, sus traducciones de los Salmos en sonoros versos castellanos, las producciones todas de Quintana Roo le colocan en primer término entre los más inspirados y clásicos autores.
    Orador que poseía las cualidades más eminentes, Quintana Roo en la tribuna cívica, en el Parlamento, en las academias, cautivó siempre a su auditorio y conquistó imperecedera gloria.
    Bajo cualquier aspecto que se le considere, es digno de encomio Quintana Roo, y llama la atención que no se hubiese procurado reunir sus obras y escribir una verdadera y completa biografía que eternice su memoria.
    Muchos personajes de menor valía han sonado siempre en los labios de todos, y aun sus efigies aparecen a cada paso en las publicaciones ilustradas. De Quintana Roo rara vez se hace mención, y en verdad que tal conducta demuestra, o ingratitud imperdonable, o ignorancia de sus merecimientos, más imperdonable todavía.
    Quintana Roo falleció en esta capital [ciudad de México], el día 15 de abril de 1851, perdiendo en él la patria a uno de los hijos que más la honraban.

Libros

La libertad y la tirania

1820

Vida y escritos del héroe insurgente licenciado don Andrés Quintana Roo Manuel Miranda Marrón